La pintura generalmente tiene la forma de su continente, sea el tarro, un pomo o el pincel. Solo cuando se escapa cambia su forma -sería ahora una gota-, sea o no esa la intención de quién es su artista.

En definitiva las metáforas son un juego de sustitución de imágenes, como quien cambia de lugar una cosa. Siempre pensé que sería interesante cambiar el lugar en vez de la cosa.  En esa vía se halla mi vivencia al conocer las intervenciones de Patricia Miani. Liberadora.

La velocidad en que vivimos dificulta ese tipo de juegos con la fotografía de los escenarios en los que se desarrolla la vida cotidiana. Solo una sensibilidad muy fina, con una puntería muy particular podría captar el instante del detalle y el volumen del tiempo.

Es verdad que algunas herramientas tenemos, las cámaras. El video y el fotograma. Y hasta no poder poner en palabras la sensación que conmueve al espíritu, el cuerpo no se libera de ella.

Para lograr que la palabra capte ese estado tan fugaz, cuando el video y la foto, que retienen intervalos de tiempo determinados no alcanzan, es necesaria otra herramienta. El pincel que traza en su deslizamiento la fugacidad.

Patricia es sensible a la forma de ese trazo, a la estela que deja la estrella que surca el firmamento. Solo a veces el ser humano se puede dar cuenta que el estado y la entidad de las cosas es su caprichosa creación sobre una naturaleza subconsciente, cuando conmueven al cuerpo.

En nuestro auxilio viene el artista que, al liberar a la pintura y cambiarle su forma, nos libera del soporte en que enmarcamos nuestra experiencia de la realidad.

ALEJANDRO SALLES
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