Paint is a sensual and seductive substance. There are great artists who have attempted the impossible task of going against this attribute (I think in Wilhelm Sasnal or Eduardo Alvarez), producing dry and harsh works. But it is a hard task.

While opening a can of 4 liters of synthetic enamel, for example red, the color circle that appears reflects a heady brilliance and intensity. And if you add a dash of green and other of white, for example, the sharp drops at the beginning and then the infinite variety of shades that start to appear when mixing the colors, is a way of happiness. This happiness, opposite to Alvarez in scale, is proposed by Miani with her work. Yes, is a celebration of the optical and stimulating qualities of the color, and also of painting. This is possible to experience and moreover, to generate a bit of intrigue, in a Patricia´s recent work that does not appear on this page that is gray!). Looking her work is possible to follow the action of the artist, depositing and manipulating the paint on the surface, and in the subtle changes that the colors experience when they are combined.

Miani always talk about nature as the main inspiration in her work. Undoubtedly, this is what her paintings are, and are also landscapes. They are dreamy landscapes, of a latent narrative.

I believe that her paintings are the emotional states of stories that will never be told. The landscape background of fairy tales, stripped from any anecdote.

 

PABLO SIQUIER

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Previo a la instalación sobre el muro, Patricia realiza todo tipo de procedimientos que van desde el reuso de material plástico que será el soporte, hasta pinturas y recortes que insumen muchas horas de días muy dedicados para crear cientos de pequeños pétalos que son la unidad de trabajo de su obra. Patricia crea “Enchevêtrés” en colaboración con la hiedra aferrada al muro de Home hotel. Ambas se entrelazan para realzar la belleza y el misterio de la naturaleza y practicar poesía en un espacio inesperado.

Cuando Patricia parte a Francia, la propia enredadera asume la colaboración de completar la obra, la envuelve, la trepa, la acompaña a lo largo de la pared como las caricias recorren la espalda del amante, en silencio, eternamente, si hasta parece que haya aprendido de las manos de la artista a posarse suave, con sigilo, apenas susurrando los movimientos sinuosos de las secuencias, las líneas que dibujan las ramas.

No estamos en presencia solo de una obra, sino de un encuentro, un vínculo que va más allá del arte, es un afecto, como si la artista comprendiera el dolor de la tierra y el jardín le correspondiera con agradecimiento. En la obra de Patricia la unión de los reinos de la naturaleza y el arte es una celebración.

 

FABIÁN TRIGO

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Chrysalide discurre a través del movimiento entre imagen y signo. El arte, considerado históricamente en la denominada “tradición occidental” quedó confinando a las expresiones artísticas del mundo colonial como algo marcado por la debilidad, tanto representacional a través de distintos signos como imaginaria en su presencia ritualista. El ritmo de la creación artística era marcado por aquella tradición -todavía hegemónica-. La alteridad, expresada en música, danza, alfarería, diseños textiles, era reducida a lo folklórico. Con estos cánones, según los períodos conocidos, no entraba en discusión la dualidad naturaleza-cultura.

Simplemente lo diferente de estas expresiones sígnicas y simbólicas estaba más próximo a lo religioso, también presidido por la lectura dualista de lo primitivo, sin ver que esa ontología de ser en realidad era que hacía, se configuraba en la resistencia cultural de otra que era negada, invisibilizada, inferiorizada, sobreviviente de fronteras en los cruces culturales, nunca ocupando el centro mismo de las acciones humanas plenas. La inversión que plantea una proyección de la imaginación artística hacia la extensión de lo “natural”, interroga y cuestiona esa dualidad, complejizando dónde está el referente, intentando reunir la totalidad siempre en transformación objetiva y subjetiva.

 

HÉCTOR MARTEAU

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Aunque principalmente ha trabajado en proyectos de pintura de dos dimensiones, Patricia Miani ha ampliado su trabajo con obras escultóricas. Utilizando telgopor como base para sus esculturas, realiza pinturas que parecen pequeños fragmentos de pétalos sobre cartulina americana que se transforman en grandes esculturas, y capa sobre capa giran a través de la complejidad y el color. Cada fragmento es una pintura única, rico en colores y movimiento.

Me encontré con las esculturas de Miani cuando realizó una intervención en el jardín de la Galería Mar Dulce, creando un singular universo donde de los árboles colgaban esferas como una especie de fruta/flor mágica, junto a grandes esculturas que parecían surgir de la tierra misma. El resultado fue un ambiente encantador.

 

CARLA HARMS